2544 kilómetros

Ayer a la noche concluyó mi road trip navideño, durante el cual visité las ciudades de Peoria, Illinois, St.Louis, Missouri, Memphis, Tennessee, Huntsville Alabama, y (añadido en el último momento) Fort Knox, Kentucky. Las fotos del viaje ya están en la galería.

Empecemos por el principio. El pasado domingo (23 de diciembre) alquilé un coche para el road trip. En la agencia de alquiler no puedes solicitar un modelo especifico, pero sí un tipo de coche. Teniendo un modesto salario de estudiante, opté por el más barato: un coche pequeñito con dos puertas. Al final, me asignaron un Chevrolet Cobalt, que resultó ser una gozada de coche para el road trip: consume poca gasolina, se maneja muy bien, y era relativamente nuevo, con lo cual tenía pijaditas que hacían la conducción más agradable (p.ej., podía enchufar mi iPod a la radio del coche directamente, sin adaptadores raros).

En fin, primera parada: Peoria, Illinois. Aquí no hay mucho que contar, ya que ya visité Peoria el año pasado y ya hice bastantes fotos entonces. Por lo tanto, los días en Peoria los dediqué principalmente a descansar, a hacer el vago y, al igual que el año pasado, pasé Nochebuena y Navidad con mi amigo Mike y su familia. De hecho, Mike configuró una pequeña LAN en su casa con cuatro ordenadores, y nos pegamos unas viciadas bastante guapas con Urban Terror.

Después de Navidad, emprendí el camino hacía Memphis, parando un par de horas en St.Louis, que pillaba justo a mitad de camino. Ahí tuve ocasión de subir a la cima del Gateway Arch:

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Tras visitar el arco, me dirigí a Super Smokers, un restaurante de comida barbacoa en las afueras de St.Louis que me recomendó un amigo. Al parecer, este restaurante ha ganado varios campeonatos de barbacoa y, puesto que en EEUU me he enganchado un poco a ese tipo de comida, pues era menester pasarse por el susodicho restaurante. Una vez ahí, me zampé el siguiente costillar:

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Absolutamente impresionante. Posiblemente las mejores “BBQ ribs” que he comido en mi vida.

En fin, concluida la parada en St.Louis, seguí hasta Memphis. Ahí me quedé en casa de mi amigo Eric, también blogger de la Universidad de Chicago (y ocasional comentarista en este blog). El principal proposito de la visita a Memphis era visitar Graceland, la casa de Elvis Presley, aunque también tuve ocasión de hacer un poco de turismo por la ciudad. Pero bueno, empecemos con Graceland.

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Graceland es la casa en la que solía vivir Elvis Presley, y en cuyo terreno se encuentra enterrado “El Rey”. Alrededor de la mansión se ha montado un negocio impresionante alrededor de todo tipo de parafernalia relacionada con Elvis. De entrada, por supuesto, esta la visita a la mansión, que tiene fama de ser bastante hortera y estridente. La verdad es que tampoco me pareció algo tremendamente extravagante, aunque me imagino que antaño si debió dar esa impresión. Por ejemplo, Elvis tenía tres televisiones en su salón:

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Hoy en día, eso no es nada. Pero, en los años 60 y 70, cuando solo había tres canales de televisión EEUU, pues Elvis tenía suficientes televisiones para ver todos los canales al mismo tiempo, y me imagino que por aquel entonces eso era algo un tanto extravagante. Hoy en día, si alguien se comprase 100 televisiones para poder ver todos los canales de televisión simultaneamente, seguro que también se le tacharía, efectivamente, de extravagante.

El componente más hortera se podía palpar en las exhibiciones que había montadas aparte de la mansión, como una extensa colecciones de “jumpsuits”:

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O la colección de coches de Elvis, que incluye un cadillac rosa:

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También era un tanto entretenido ver a los fans de Elvis, algunos de ellos visiblemente emocionados de poder recorrer la casa de Presley, y haciendo fotos de hasta el más insignificante detalle.

Aparte de Graceland, Eric también me enseñó la orilla del río Mississippi:

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Donde encontramos este peculiar monumento:

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La palabra “negro”, cuando se utiliza en inglés (en este caso pronunciada “ni-gro”), es considerada altamente ofensiva ya que es el término que solía utilizarse cuando la esclavitud era legal en EEUU, y durante los tiempos de la segregación racial. De hecho, el igualmente ofensivo “nigger” proviene de esa palabra. El uso de “negro” en el monumento es, por lo tanto, bastante anacronistico por lo que las autoridades añadieron una pequeña placa en la base del monumento clarificando que el monumento fue erigido en los años 50.

También destacable la visita a Beale Street, epicentro de la música Blues:

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Por cierto, a Eric se le da bastante mejor la fotografía que a mi, por lo que os recomiendo que os paseis por su blog y veais las fotos que hizo él.

Siguiente parada: Huntsville, Alabama. Ya estuve ahí en septiembre, con lo cual, al igual que en Peoria, la mayoría de mi tiempo se dedicó al rasquing y al tumbing.

Después de parar en Huntsville día y medio, mi plan era volver directamente a Chicago, lo que supone un viaje de 10 horas al volante. Evidentemente, me parecía a priori demasiadas horas para hacer en un único trecho (aparte de paradas cortas para estirarme, respirar un poco de aire fresco, etc.). Por lo tanto, me puse a mirar el mapa y el itinerario que tenía planificado, para ver si había algo interesante en el camino. Grande fue mi sorpresa al comprobar que, con un desvío mínimo, podía pasar nada más y nada menos que por Fort Knox, posiblemente la caja fuerte más emblemática del mundo. Tras leer un poco sobre Fort Knox, descubrí que, desafortunadamente, no solamente era imposible visitar Fort Knox (algo que ya me esperaba) sino que además era imposible parar en frente del edificio para tomar fotos. De entrada, Fort Knox se encuentra dentro de una base militar, y acercarse al edificio es complicado. De hecho, Fort Knox es el nombre de la base militar en cuyo interior se encuentra la fortificación donde se almacena el oro, y el nombre correcto del edificio es The United States Bullion Depository que es parte del Departamento de la Tesorería, y no estrictamente parte de la base militar (aunque la base militar proporciona protección adicional alrededor del edificio)

Aun así, la autopista que pasa a través de la base militar pasa justo al lado de Fort Knox, con lo cual sí pude ver el edificio (aunque no pude pararme a observarlo más detenidamente, y para hacer fotos), que es muy impresionante (cuando te das cuenta de que estás a unos cuantos metros de Fort Knox, el Fort Knox, no puedes evitar sentir un escalofrío). Además, resulta que cerca de Fort Knox se encuentra el Patton Museum of Cavalry and Army, un museo sobre las divisiones armadas (léase: tanques) del ejercito americano y sobre el general George S. Patton, brillantemente interpretado por George C. Scott en la película Patton. El museo era pequeño, pero muy interesante. Incluía una extensa colección de tanques:

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Y efectos personales de Patton, incluida una de sus famosas pistolas con empuñadura de marfil:

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Una agradable sorpresa fue encontrar en el museo el modelo original de Fort Knox utilizado en la película Goldfinger (en la escena en la que Auric Goldfinger explica sus planes para adentrarse en Fort Knox):

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Después de Fort Knox, continué hasta Chicago, donde di por concluido el road trip. En general, fue un viaje bastante entretenido, aunque la próxima vez tengo que traer acompañantes para que la conducción resulte más llevadera. Aun así, conducir durante varias horas seguidas resultó ser menos aburrido de lo que me esperaba, a pesar de la transmisión automatica y el cruise control. El cruise control es un dispositivo común en los coches americanos que se asegura de que el coche vaya siempre a la misma velocidad. Por lo tanto, en autopistas con pocos coches, conducir se reduce a girar el volante de vez en cuando, y poco más. Digo “a pesar de” porque, sin estos dispositivos, conducir requeriría más atención por mi parte, minimizando la posibilidad de aburrirse. Escuchar música también hizo la experiencia más agradable, aunque pronto descubrí que oír musica únicamente me entretiene durante una hora. Descubrí que escuchar la radio o grabaciones de show cómicos permitían que el tiempo pasase mucho más rápido (en concreto, me llevé varias grabaciones de Stephen Fry, Lewis Black, y George Carlin). Por lo demás, me tengo que confesar completamente enganchado a esto de conducir coches. Es casi como jugar un videojuego, e incluso la maniobra más nimia resulta entretenida (sospecho que esta sensación se me pasará eventualmente). Salgo de este road trip con ganas de hacer muchos, mucho más.

2 comentarios sobre “2544 kilómetros

  1. ¡El mejor willkommen back in Deutschland que podía tener! Super interesante leer sobre tu road trip (voy a tener que conectarme más a menudo…no sabía que te habías sacado el carnet de conducir, oops). Sounds groovy! A tu próximo road trip ME APUNTO…además, con todo lo que hablo, ni i-pod ni comedy shows, pure live entertainment on board! 🙂
    Acabo de llegar de pasar los Xmas hols en Bilbao…got to warm up my place and get ready for madrugonis horribilis morgen!
    Pa cuando visita por estos lares????Call soon!

    Me gusta

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