Por fin

Hay ciertos momentos en tu vida que se quedan grabados vividamente en tu cabeza, a veces por ninguna razón aparente. Para mi, uno de esos momentos fue la mañana del 8 de noviembre de 2000, la mañana después de las elecciones presidenciales de EEUU entre Al Gore y George Bush, cuando nos despertamos sin saber el ganador de las elecciones.

Tenía 20 años recién cumplidos, estaba en 3º de Ingeniería Informática en la Universidad de Deusto, y recuerdo con inusual detalle que, antes de la primera clase de la mañana, me encontraba frente a mi ordenador en el aula 104 de la Facultad de Ingeniería, el “aula multimedia”. Mi ordenador se encontraba al lado de la segunda puerta del aula, la que da directamente al espacio de monitores, no al aula propiamente (donde están los ordenadores de estudiantes). La puerta estaba abierta y, como quedaban 5-10 minutos para el comienzo de la clase (que iba a tener lugar en el aula 112, al final del mismo pasillo), mis compañeros de clase podían verme dentro del aula de camino a la clase. Uno de ellos, Borja B., se paro para hablar conmigo y me dijo algo como “Parece que ha ganado Bush, ¿no?”, y yo le corregí, diciendole que todavía era posible que Gore ganase el estado de Florida y, por lo tanto, las elecciones. “Buf, eso espero, porque Bush está tarado”, me respondió, algo visceralmente.

Curiosamente, no recuerdo nada más de ese día. No recuerdo que clase teníamos en el aula 112, o con qué otros compañeros hablé sobre las elecciones, o donde fui a comer ese día, etc. Pero se me quedó pegado ese detalle. Yo, en aquella época, no estaba tan aficionado a la política americana como lo estoy ahora. Sabía que prefería a Gore, simplemente por ser “menos de derechas” que Bush, pero no sentía nada particularmente fuerte en contra de que Bush fuese presidente. Por aquel entonces, tampoco le conocíamos demasiado bien, y a mi sinceramente me parecía “otro político americano más”. Por eso me extraña que se me quedase grabado justo ese detalle de Borja B. deseando que Bush no ganase las elecciones por estar tarado. Pero ahora me doy cuenta de lo previsor que fue.

Poco a poco, fuimos conociendo más y más a George W. Bush, sobre todo después del 11-S, y especialmente cuando se obcecó en invadir Irak. En España, a la mayoría nos consolaba el hecho de que los americanos seguramente le echarían en 2004, de la misma manera que nosotros echamos a Aznar. Solo teníamos que esperar unos años. Pero no, en 2004 resultó reelegido presidente de los EEUU, algo que yo personalmente atribuyo no tanto a la oligofrenia de Bush sino más al nefasto candidato que escogieron los Demócratas, al que vendieron como “el que no es Bush”, más que como un candidato que tenía que brillar por méritos propios. La reelección de Bush me pilló en Chicago, y ese es un momento que también recuerdo vivamente, aunque eso ya no me extraña; tenía muchos más motivos para prestar atención.

Así que nos resignamos a aceptar que teníamos que aguantar a Bush otros cuatro años. Una de las cosas que recuerdo claramente cuando reeligieron a Bush es que esos cuatro años me parecían una eternidad. Pero por fin han pasado, y ya podemos referirnos a Bush como el “ex-presidente Bush”. Y no quiero que quede ninguna duda: considero que Bush es, con diferencia, el peor presidente que ha tenido EEUU (si no en toda su historia, si en su historia reciente). Durante su estancia en la Casa Blanca, Bush ha conseguido que el resto del mundo vea a EEUU no con admiración sino con desidia. Ya no como un líder, sino como un niñato abusón. Y yo, por lo menos, soy de los que sienten cierta admiración por EEUU, por el funcionamiento de su gobierno, y por los ideales sobre los que se fundó (a veces tengo que recordar a la gente que dogmáticamente se opone a “los putos yankis” de que EEUU nació en medio de una revolución anti-monárquica, federalista, y pro-libertad), y en los últimos ocho años me ha dolido ver en lo que se estaban convirtiendo los EEUU. Como estos días seguro que habrá quienes querrán buscarle los aspectos positivos a los ocho años de Bush, me permito recordaros algunos de sus “logros” (lista tomada de uno de los comics de This Modern World):

Bush v. Gore, Cheney’s Energy Task Force, Kenny Boy Lay, Putin’s Soul, “Bin Laden Determined to Strike“, 9-11, Axis of Evil, Freedom Fries, Patriot Act, Indefinite Detention, Extraordinary Rendition, Guantanamo, Yellowcake Uranium, Shock and Awe, Mission Accomplished, Halliburton, Blackwater, Jessica Lynch, Pat Tillman, Bagram, Abu Ghraib, Waterboarding, Swiftboating, Tax Cuts, Soaring Deficits, Terri Schiavo, Stem Cell Research, Domestic Surveillance, Telecom Immunity, Hurricane Katrina, the Collapse of Capitalism as We Know It, and Karl Rove. Karl Rove!

¿Y qué nos deparan los próximos cuatro años? No lo sé. Pero por lo menos ha desaparecido ese sentimiento angustioso de que el mundo no mejorará hasta que el ocupante actual de la Casa Blanca se marche. Ahora que Obama es el Presidente Obama, cuando pienso en los próximos cuatro años, me viene solo una palabra a la cabeza.

Hope.

Hoy, temperaturas altas de -18°C

Sí, sí, las temperaturas altas. De hecho, ahora mismo, a las 10 de la mañana, hace -21ºC (-32ºC de sensación térmica) ¿Qué más puedo decir? Así nos las gastamos en Chicago…

Actualización (16/01/09): Al parecer, ayer fue el día más frío en Chicago desde 1996.

Actualización 2 (16/01/09): No sólo eso, parece ser que ayer se registraron temperaturas más bajas en Chicago que en el Polo Norte. Im. Presionante.

No fly zone!

Para los que no lo sepan, Barack Obama vive (literalmente) a cuatro bloques al norte de donde vivo yo. Desde que fue nominado a la presidencia, su casa se ha convertido en una fortaleza, rodeada de policías y agentes del servicio secreto. Mañana, día de las elecciones, Barack Obama estará en Chicago y dará un mega-discurso en el centro de Chicago. A tal efecto, la FAA (Administración Federal de Aviación) ha designado un “no fly zone” de 4 millas de diámetro en el centro de Chicago… y alrededor de la casa de Barack Obama. Es decir, que todo el barrio universitario (incluido mi apartamento) están dentro del “no fly zone”. Si un avión entra en esta zona, la FAA primero le pedirá amablemente que se largue y, si no lo hace, pues nada: un par de F-14’s se encargan de borrar el susodicho avión del mapa.

Por una parte, me hace sentir seguro, pero mi lado más paranoico se pregunta si esto es una precaución estándar, o si es que tienen información sugiriendo que alguien va a intentar estrellar un avión en Chicago mañana 😉

El doctorado está bien, pero…

Ayer estuve en la Universidad de Deusto para dar mi ya habitual charla de julio. A lo largo del día hablé con la ínclita R (comentarista ocasional del blog) que, tras ponerle al día de cómo me iba todo en EEUU, me dijo que en el blog doy una visión muy romántica y optimista del doctorado en EEUU: muchos más recursos que en España, un sueldo digno, aventuras científicas, congresos, vivir la vida universitaria americana, charlas de investigadores famosos, etc. Todo eso es cierto, pero también tiene su lado negativo, al que sólo he aludido en una ocasión. Aunque suelo ser una persona generalmente optimista reconozco que, como me dijo R, puede haber gente que lee el blog y se imagina que lo del doctorado en EEUU es una gozada de principio a fin. Pues bien, para variar un poco, voy a ponerme pesimista y hacer un repaso de las cosas malas sobre hacer un doctorado en EEUU (al menos las que sufro y padezco yo; a otras personas seguro que le incordian cosas distintas)

  • Es mucho trabajo. La respuesta breve estandar a “¿Cómo es el doctorado en EEUU?” suele ser “Está muy bien, te exigen mucho y hay que trabajar mucho, pero está muy bien”. Sin embargo, me da la impresión de que a veces ese “hay que trabajar mucho” no termina de calar. Así que para ser claros: trabajo en mi tesis 10-12 horas al día, 6-7 días a la semana. Raramente tengo un fin de semana “entero” libre, y las vacaciones son contadisimas: las vacaciones más largas que me he pillado en los cuatro años que llevo en EEUU no exceden la semana de duración, y siempre en navidades. El resto del año de vez en cuando me concedo el capricho de pillarme un fin de semana de 3 o 4 días. Puede sonar a explotación laboral, pero no lo es, porque prácticamente todo ese trabajo me beneficia a mi, porque estoy trabajando en mi tesis (es decir, que el jefe, o “explotador”, vengo a ser yo). No hay un contrato que me diga que tengo que trabajar eso (o menos), ni hay un sindicato de estudiantes porque sinceramente no nos sentimos explotados. Es sencillamente la cantidad de trabajo que hay que meter para doctorarse aquí. Y punto.
  • El mundo científico no es el mundo del colegueo. Cuando llegué a EEUU, yo me imaginaba que el mundo de la ciencia era un club de colegas donde un montón de científicos cogidos de la mano trabajaban por el bien de la humanidad. No niego que, para muchos de nosotros, esa sea nuestra motivación abstracta, pero en la práctica el mundo de la ciencia es igual de competitivo (o más) que el mundo empresarial. Por ejemplo, hay que producir artículos, hay que presentarlos en las mejores conferencias (léase: las más competitivas), y hay que tenerlos listos para ayer. ¿Por qué? Por un lado, porque hay que convencer al gobierno de que te dé dinero para investigar, y para ello tienes que haber publicado más artículos y en mejores conferencias que el resto de grupos que se presentan para la misma beca. Por otro lado, tú mismo querrás conseguir un buen trabajo después de doctorarte, y para eso cuentan bastante las publicaciones y otros méritos donde habrás tenido que competir contra otras personas. Las publicaciones no son el único criterio, pero si uno muy importante y donde más se nota la competición.
  • La vida personal suele quedar en segundo plano. Yo soy de los que creen que hay que encontrar un balance entre la vida profesional y la personal, y que no se puede sacrificar una por otra. Sin embargo, tengo que admitir que es muy jodido mantener ese balance cuando tu trabajo consume tanto tiempo. Estos dos últimos años he visto como varios amigos de Bilbao ya se han casado (o están co-habitando con su pareja), y alguno incluso ya tiene un crío en camino. Yo me siento como que me estoy quedando atrás en ese sentido (aunque, como me corrigió un amigo en Bilbao, “ya, pero te estás adelantando en muchas otras cosas”), y que tendré que pillar carrerilla cuando me doctore…
  • Y la de cosas que me han pasado que no cuento en el blog… Como saben los lectores “de toda la vida”, el blog tiene sus límites y todas las cosa de naturaleza personal se quedan fuera (estos lectores lo saben porque son los amigos de toda la vida con lo que tengo ocasión de quedar en persona para contarles todo lo que no cuento aquí). Sólo diré que en el doctorado me ha tocado pasar por situaciones muy intensas (e incluso por cabronadas de espanto). Gustosamente se lo cuento a la gente que quiera escucharme en persona 🙂

En fin, en este post estoy siendo negativo a propósito. Reitero que hacer el doctorado en EEUU es, para mi, un verdadero privilegio a la que pocas personas pueden acceder, y que no me arrepiento ni una iota de haber decidido, hace cuatro años, de dejar Bilbao para irme a vivir a Chicago. De hecho, estoy seguro que muchos doctorandos en España se cambiarían conmigo sin pensarselo dos veces. No olvidemos que, en España, los doctorandos generalmente ni se les paga un sueldo digno, ni pueden trabajar a tiempo completo en su tesis, ni se les proporcionan los recursos adecuados para su investigación. Todo lo que he dicho arriba no es para quejarme de vicio, sino para que no quede duda de que, a pesar de todas las ventajas que supone hacer el doctorado en EEUU, también tiene su coste (y si estás pensando en hacer el doctorado en EEUU, ten muy claro en qué te estás metiendo).

Post invitado en el blog de Google Code

Como mencioné en un post anterior, hace un par de semanas el ACM Student Chapter de la Universidad de Chicago organizó una visita a las oficinas de Google en Chicago. Como co-organizador de la visita, y mentor de Google Summer of Code, la gente de Google me pidió que escribiese una crónica de la visita para el blog de Google Code (más concretamente, el que versa sobre temas open source). El susodicho post invitado ha sido publicado hoy: The University of Chicago Meets Google.

Visitando Google

Me parece que nunca lo he mencionado en el blog, pero desde hace unos meses soy el secretario del ACM Student Chapter de la Universidad de Chicago (secretario en el sentido ejecutivo, no en el sentido “¡Sónsoles, traigame un café!”). La razón por la que me involucré con la asociación de estudiantes fue por la misma razón por la que me involucré con el e-GHOST cuando estaba en Deusto: para ayudar a organizar eventos interesantes, formativos, y libres que beneficiasen a toda la comunidad universitaria (aunque especialmente a la comunidad estudiantil). De hecho, una de las cosas que me “decepcionó” de la Universidad de Chicago (y lo digo entre comillas, porque aquí en Chicago me han pasado tantas cosas buenas que las decepciones sólo vienen en dosis pequeñas) era que no había ningún equivalente al e-GHOST. Ningún grupo de hackers, geeks, frikis, y/o hacktivistas con ganas de liarla (en el buen sentido de la palabra). Sin embargo, hace un año, un grupo de estudiantes se animó a resucitar el “student chapter” de la ACM (que llevaba unos años latentes), y yo me ofrecí voluntario para encargarme de los temas administrativos (algo que, al parecer, se me da bien; seguro que hay más de un fantasmiko que recuerda las batallas épicas que tuve con la Deustocracia, o todas las movidas que tuvimos durante la primera visita de Stallman a Bilbao xD ).

Desde que se resucitó el grupo, bajo el liderazgo de Cord Melton y Karl Norby (estudiantes de pregrado en ciencias de la computación), hemos estado organizando todo tipo de eventos, como participar en el concurso de programación ICPC, montar LAN-parties cada 2-3 semanas, y un “evento grande” cada trimestre. Este año, nuestros “eventos grandes” fueron un panel sobre inteligencia artificial (en el otoño) y mi charla de introducción a la Computación Grid (en el invierno). Cuando llegó el trimestre de primavera, se nos ocurrió que en lugar de hacer un evento tipo charla/panel/mesa redonda/etc., igual podríamos organizar una “excursión” fuera de la universidad (¡chupiguay! ¡cómo en la escuela!). Alguien (sólo recuerdo que no fui yo) lanzó la idea de proponer a Google una visita a sus oficinas de Chicago (sí, tienen una oficina en Chicago llena de ingenieros).

Como secretario, me tocó mover hilos y, tras contactar con unas cuantas personas, los Google-eros Chicaguenses acordaron recibirnos un día en sus oficinas. Eso sí, que nadie piense que esto fue el fruto de hábiles y arduas negociaciones. Google suele venderse como una compañía de buen rollo, y tengo que admitir que no es una cortina de humo para quedar bien. La gente de Google con la que contacté estuvo inicialmente entusiasmada por la idea de recibir a varias docenas de estudiantes de pregrado y postgrado en sus oficinas. Me parece que en el segundo o tercer e-mail que me mandaron ya dijeron “Por nuestra parte, esto ya está en nuestra agenda”, comprometiéndose a organizar la visita. A ver, entiendo que para ellos es una manera de “impresionar” a estudiantes que pueden acabar trabajando para ellos (que ya se que en todas las casas se cuecen habas), pero organizar una visita también es un curro considerable y ellos se encargaron de prácticamente todo, mostrando siempre entusiasmo y buen rollo. A saber, nos organizaron una visita con:

  • Comida gratis a mansalva
  • Una sesión de “charlas relámpago” en la que hablaron ingenieros de Google y estudiantes de la universidad admitidos a Google Summer of Code
  • La oportunidad después de la charla de hablar con los ingenieros tranquilamente (fuera de un turno de preguntas) mientras nos zampábamos la comida
  • Todo tipo de mercancía Google incluyendo, no es coña, barra de labios “cacao” marca Google.

Al final acabamos yendo el pasado jueves unas 30 personas de la universidad, y fue una visita memorable. Las charlas fueron muy interesantes, conocimos a gente fascinante, y pudimos ver el interior de una oficina de Google (que es tan colorida e informal como las pintan). Karl tiene un relato más completo en su blog, y en mi galería podéis ver unas cuantas fotos.

Extranjero. Soy un ex-tran-je-ro.

Por aquí no les entra en la cabeza que soy extranjero. Poco después de mudarme a Chicago, el gobierno americano va y me enlista en la reserva militar, tras lo cual tuve que enviar una amable carta indicando que no soy ciudadano americano, y eso de pertenecer a la reserva americana… pues mire señora, casi mejor no. Hecho eso, pues me imaginé que igual se habían dado por aludidos, sobre todo teniendo en cuenta que todavía me hacen esperar en la cola de extranjeros en el control de inmigración del aeropuerto.

Pues no. Hoy al llegar a casa me encuentro con un sobre en el que pone prominentemente “OFFICIAL JURY SUMMONS”. Efectivamente: ¡me han convocado para formar parte de un jurado! ¡Como en las películas! Eso sí, a pesar de lo muchísimo que me gustaría estar en un auténtico y genuino jurado americano, en plan Doce Hombres Sin Piedad, pues es algo que evidentemente está reservado únicamente a ciudadanos americanos. Me toca llamar para aclarar (de nuevo), que no, que no soy ciudadano americano, leñe.

¿Cómo pueden cometer un error tan garrafal? Sencillo: Aquí en EEUU les gusta la descentralización de la administración pública. A diferencia de España, los distintos niveles administrativos (federal, estatal, de condado, y municipal) mantienen bases de datos totalmente separadas y estancas. Y, aunque el gobierno federal sabe de sobra que soy un extranjero (porque la inmigración es competencia del gobierno federal), y también lo sabe el nivel estatal (porque quien me expidió el carnet de conducir fue el Estado de Illinois, e indiqué que soy extranjero al sacarmelo), pues el condado de Cook County (en el que se sitúa Chicago, y el nivel responsable de organizar los jurados para los juicios) todavía no se ha enterado. Me huelo que el gobierno municipal de Chicago tampoco se ha enterado, y que me convocarán para formar parte de una mesa electoral en Noviembre…

¡Terremoto!

Impresionante. Ha habido un terremoto en Illinois de magnitud 5.2, que ha llegado a sentirse en Chicago. El temblor ha ocurrido a las 4:37am, y fue lo suficientemente intenso como para despertarme. Cuando ocurrió, sentí que mi cama estaba temblando ligeramente pero, estando medio-dormido, ni se me ocurrió que podía ser un terremoto. Yo que sé… igual era un avión (vale tendría que estar volando muy bajo para causar ese efecto), o los vecinos (cuyo dormitorio está al otro lado de la pared de mi dormitorio) estaban involucrados en actividades… ajem… conducentes a ese tipo de temblores. Pero bueno, me levante, bebí un poco de agua, y me volví a la cama. Y, al despertarme, me encuentro con varias noticias hablando del terremoto, y varios amigos chicaguenses online diciéndome que ellos habían sentido el temblor, y a ver si yo también.

Por cierto, los terremotos en Illinois no son tan tan raros (aunque este es el primero que padezco yo aquí). El estado de Illinois (y muchos estados contiguos), están a merced de la Falla de Nuevo Madrid que, aunque no tan inestable como la Falla de San Andrés en California, todavía provoca bastante actividad sísmica (aunque la mayoría es imperceptible por el ser humano).

A good week

roosevelt.jpg

Esta ha sido una buena semana. El lunes, tal y como relaté en el blog, nos notificaron de que Globus fue seleccionada como organización mentora en el Google Summer of Code. A lo largo de la semana ya nos han escrito varios estudiantes interesados en trabajar con nosotros durante el verano. Mola 🙂

El jueves, además, llegó una muy buena noticia: me notificaron que un artículo que envié en enero a la conferencia “ACM/IEEE International Symposium on High Performance Distributed Computing” (mejor conocida como HPDC 2008) fue aceptado. No olvidemos que en el mundillo académico es importante publicar artículos científicos con los resultados de tu trabajo, especialmente si eres un estudiante avanzando hacia tu doctorado 🙂 Ser aceptado en HPDC 2008 es una pasada, porque es una de las conferencias más importantes de mi área, y aceptan muy pocos artículos cada año. Eso sí, es un “conditional accept”, lo que significa que todavía tendremos que hacer unos cuantos cambios al artículo antes de que lo acepten por completo, pero tendríamos que ser muy patanes para no seguir las recomendaciones del comité seleccionador.

Para añadir la guindilla final a esta semana, resulta que este fin de semana me coinciden múltiples planes (preparados antes de que supiese las dos buenas noticias) con amigos Chicaguenses, incluidas un par de cenas. Vamos, una coincidencia fantástica. Ha sido una buena semana. Life is good 🙂

P.D.- El de la foto es Theodore Roosevelt. Viene a expresar perfectamente como me siento 🙂

Apretando el cinturón

A pesar de todos los recursos que reciben muchos estudiantes de doctorado aquí en EEUU, el presupuesto de un doctorando sigue siendo evidentemente limitado. En mi caso, da para vivir en un piso propio (con dormitorio, salón, y cocina; es decir, no un estudio) con los consiguientes gastos (agua, calefacción, electricidad, y amenidades como Internet y televisión por cable), y algún capricho cada mes, pero poco más (aunque, por lo que tengo entendido, esto es bastante más de lo que se puede permitir un “becario precario” en España). Evidentemente, ahora que me he comprado un coche, esto supone varios gastos adicionales al mes: las mensualidades del préstamo, el seguro del coche, y la gasolina. En previsión de estos gastos, tomé unas cuantas medidas para ahorrar gastos cada mes. En caso de que puedan resultar interesantes (y útiles) a otras personas (sobre todo otros estudiantes viviendo en EEUU), las comento en este post.

El primer ahorro, y bastante importante, fue cancelar mi linea telefónica “tradicional”. Estaba pagando una cantidad indecente de dinero al mes por una linea telefónica que apenas utilizaba e, incluso si la utilizase a menudo, el coste de las llamadas era alto en comparación con la alternativa que acabe tomando: VoIP (Voz sobre IP). En resumidas cuentas, esto significa que realizo todas mis llamadas a través de Internet. Sin embargo, esto no significa que tenga tirar de auriculares y micrófono delante del ordenador cada vez que quiera hacer una llamada. De cara al usuario, y con un equipamiento bastante asequible, VoIP funciona exactamente igual que la telefonía tradicional. Puedes seguir utilizando teléfonos convencionales, conservar tu número de teléfono, llamar a gente que siga en la red telefónica tradicional (y viceversa, la gente que esté conectada a la red telefónica tradicional te pueden llamar a un número de teléfono), etc. Enfatizo esto porque, cuando me hablaron de VoIP, yo también pensaba que significa hacer llamadas de baja calidad en frente de un ordenador, y acabé estando gratamente sorprendido.

Por ejemplo, echadle un vistazo a mi proveedor actual de telefonía VoIP: Callcentric. No estoy afiliado con ellos, ni me darán ningún tipo de recompensa si los visitáis y/o contratáis servicios con ellos. Lo que pasa es que llevo con ellos desde Agosto y estoy tan sumamente encantado con ellos, que no puedo evitar desgranar sus virtudes a bombo y platín. A saber:

  • Pago $1.95 al mes. Las llamadas locales me salen $0.0198 por minuto, y las llamadas a España me salen $0.0209 (o 0.014€) por minuto. Comparese con los $0.08 por minuto que me cobraba mi anterior proveedor. Hay planes con llamadas ilimitadas (tanto nacionales como internacionales) a precios muy asequibles, pero a mi no me merecen la pena puesto que soy un usuario ocasional.
  • La calidad de las llamadas es prácticamente igual que con la red telefónica convencional. A lo sumo, a veces me dicen que suena como si estoy llamando desde un móvil, pero nada más.
  • Al pasarme de mi proveedor anterior a Callcentric, pude conservar mi número actual.
  • La cuenta se gestiona íntegramente a través de su web. No hay que tratar con operadoras insoportables por teléfono. Te resuelven las dudas a través de un sistema de “support tickets” que atienden muy rápidamente. Evidentemente, esto no es apto para no-iniciados, pero para gente técnica me parece ideal.
  • “Call Treatments”. Esto me encanta. En-can-ta. Es básicamente un sistema de filtros para las llamadas (de nuevo, configurables a través de su web). Por ejemplo, cuando mis padres me llaman a casa entre semana y en horario de trabajo, la llamada se transfiere automáticamente a mi móvil. Mis padres pagan el coste de una llamada a un fijo internacional (en lugar de un móvil internacional, que sale un ojo de la cara), y yo pago el coste de una llamada de fijo a móvil nacional (que sale muy barato).
  • En casa puedo seguir utilizando un teléfono normal y corriente (gracias a un adaptador ATA que permite “enchufar” el susodicho teléfono a Internet). Además, cuando estoy de viaje, tengo la opción de hacer llamadas desde mi portátil.

Evidentemente, para que funcione este invento hay que tener una conexión decente a Internet. Al cancelar mi linea telefónica, pasé a tener Internet por cable, que resultó ser aun más rápido que el ADSL que tenía. Eso sí, según el proveedor (yo tengo Comcast), pillar Internet por cable puede salir tan caro como el ADSL si lo contratas a secas, ya que los proveedores quieren que contrates más de un servicio y aplican descuentos importantes si lo haces. Sin embargo, como yo tenía televisión por cable, el coste total de televisión + Internet resultó ser bastante bueno, y mucho menor que si hubiese contratado ambos servicios por separado (y supuso un ahorro con respecto a tener una linea telefónica tradicional + ADSL).

El segundo ahorro fue pasar de móvil de contrato a móvil de prepago (o “de tarjeta”, como a veces se dice en España). Cuando me pillé mi primer móvil en EEUU, ilusamente lo pillé de contrato (tras haber tenido móvil prepago toda mi vida en España) porque me pareció que estaría bien no tener que andar preocupándome de cuantos minutos llevo gastados, andar recargando el móvil, etc. Sin embargo, acabé dándome cuenta de que estaba pagando al mes mucho más de lo que pagaría si tuviese un móvil prepago (de nuevo, esto seguramente no será cierto para aquellos que sean usuarios muy habituales del móvil). Así que me pasé a un prepago. Eso sí, mucho cuidado en EEUU: hay muchas compañías que ofrecen planes prepago, pero no son en absoluto como en España. Por ejemplo, aunque no te cobran una mensualidad, te cobran un “daily access fee” cada día que utilizas el móvil (y luego te cobran por los minutos). En algunas compañías te cobran hasta $0.99, lo que significa que, si haces una llamada breve todos los días, acabas pagando casi $30 al mes. La única compañía que he encontrado en EEUU que tiene un sistema similar al español es T-Mobile. No cobran un “daily access fee” y tienen unos precios bastante razonables. Y, para dorar la pildora, me permitieron conservar mi número de móvil al pasarme de mi proveedor anterior (Verizon) a ellos.

El tercer ahorro es tener un historial de crédito en EEUU. El sistema de crédito en EEUU es un lío tremendo, y no sé si podré resumirlo adecuadamente…. A ver… Hay tres compañías –Equifax, Transunion, y Experian– cuyo propósito es estar al corriente de todas las actividades que pueden impactar el riesgo de crédito de una persona (desde el punto de vista del prestador: “que riesgo hay de que el prestatario no repague su crédito”). Esta información típicamente incluye tu historial de empleo, todos tus créditos en curso y también los que ya has pagado (incluyendo tarjetas de crédito, prestamos, hipotecas, …) , todas las veces que te has retrasado en pagar una mensualidad, si has estado en bancarrota, etc. En base a esta información (que reciben de bancos, instituciones financieras, etc.), estas compañías asignan a cada persona un “credit score“, una puntuación que resume tu “creditworthiness” (el “merecer un crédito”): cuanto más alta, más posibilidades de que te concedan un crédito y con mejores condiciones.

¿Y por qué resulta esto una medida para ahorrar? Pues porque cuanto mejor sea tu “credit score”, menor será el interés en tus prestamos (incluyendo el préstamo del coche). Además, esta puntuación se está empezando a utilizar en ámbitos no-bancarios, como en las aseguradoras ya que, al parecer, tener una buena puntuación de crédito es un indicador de que vas a ser un conductor responsable. Por tener una “credit score” buena, mi aseguradora me rebajó mi mensualidad unos $40 (que parece poco, pero cuando estás presupuestando cada dolar, pues cualquier ahorro es bueno). Otro ejemplo: al comprar un móvil con contrato, miran tu historial de crédito para ver si pagas todas tus mensualidades. Cuando me compré mi primer móvil en EEUU, todavía no tenía un historial de crédito, y la compañía telefónica me cobró $400 en concepto de deposito de seguridad (que me devolvieron al cabo de un año).

Lo jodido del sistema de crédito en EEUU es que para obtener una buena puntuación primero tienes que endeudarte y demostrar que puedes pagar esa deuda. Esto es un circulo vicioso: para mejorar mi puntuación tengo que endeudarme, pero nadie me concederá un crédito si no tengo una buena puntuación. Por ejemplo, durante mis primeros dos años en EEUU, a pesar de estar empleado y con un sueldo, ningún banco quería darme una tarjeta de crédito (ojo: no tenían ningún problema en darme una tarjeta de débito, el tipo que se carga directamente en tu cuenta corriente). Otro banco me denegó un préstamo pequeño para comprarme un ordenador durante mi primer año. Todo ello porque no tenía ningún historial de crédito. Al final, un banco se “arriesgó” y me concedió una tarjeta de crédito con un limite absurdamente bajo ($400) y un interés desorbitado (27%). Sin embargo, al utilizar la tarjeta y pagar todas mis mensualidades religiosamente, fui construyendo mi historial de crédito y mejorando mi puntuación, con lo cual el banco fue incrementando el límite y rebajando el interés.

Resumiendo, el consejo: si sabes que vas a vivir en EEUU durante unos cuantos años, es recomendable empezar a construir tu “creditworthiness” lo antes posible obteniendo una tarjeta de crédito (o dos). Ni siquiera hay que utilizarlas a menudo, simplemente hay que tenerlas (aunque te suelen recomendar que, para mejorar tu puntuación aun más, tienes que mantener un balance de 35% en tus tarjetas de crédito). Si no tienes un historial de crédito y en algún momento quieres plantearte comprar un coche o simplemente pillar un préstamo para un gasto inesperado, es muy probable que el banco te lo deniegue, o imponga unas condiciones muy desfavorables. Y, como he comentando antes, el tener una buena puntuación también acabará afectando otros gastos, como seguros, contratos a largo plazo, etc.

En fin, ahí quedan esas medidas de ahorro. No sé si le servirán a más gente pero, a mi por lo menos, me han permitido comprarme un coche y todavía llegar a fin de mes sin agobios (algo que no podría decir si todavía tuviese que pagar por la linea telefónica, el movil de contrato, o tuviese un interés más alto en el prestamo de mi coche).