Un verano de puta madre

A veces, las cosas hay que decirlas en plata: éste ha sido, sin duda alguna, un verano de puta madre. Como he ido relatando en el blog, este año he tenido la fortuna de poder pasar el verano trabajando en mi tesis… en Madrid. Fue posible gracias al Grupo de Arquitectura de Sistemas Distribuidos de la Universidad Complutense de Madrid, que me invitó a pasar unos meses con ellos como investigador visitante en el proyecto europeo Reservoir, ya que el trabajo que realizo en mi tesis estaba muy alineado con su trabajo, particularmente en el proyecto OpenNebula. No es por menospreciar los últimos tres veranos, que también estuvieron bien y tuvieron sus momentos destacables (como la visita a Bogotá, que fue una pasada), pero la verdad es que la experiencia de este verano ha sido superlativamente positiva, tanto en lo profesional como en lo personal. A saber:

  • Haizea: Llegué a un punto de inflexión en mi investigación, liberando Haizea -el software que he estado produciendo en mi tesis- como código abierto. Y lo mejor de todo es que no está planteado sólo como una jamada de tarro para investigación, sino también como una contribución tecnológica que puede resultar útil a usuarios fuera del ámbito del mundo de la investigación (más concretamente, a los usuarios de OpenNebula).
  • El buen rollo universitario: Lo he dicho varias veces, y lo volveré a decir: una de las cosas que más hecho de menos en Chicago es el “buen rollo”. Cuando estaba en Deusto (tanto en mi rol de estudiante y de becario, y luego de profesor), había “buen rollo” entre la gente en casi todos los niveles. Cuando estabas hasta el gorro de trabajar, siempre podías encontrar a gente con quien ir a tomar un café. Podías toparte con gente en el pasillo y mantener una anodina conversación sobre el sexo de los bytes. Podías estar hablando de trabajo serio con un jefe, y momentos después estar compartiendo sonoras carcajadas con esa misma persona sobre un tema totalmente distinto. Todo eso no ocurre aquí en Chicago. Si, hay camaradería entre los alumnos de doctorado, hacemos planes fuera del trabajo, pero cuando estás en la universidad la gente se obceca con el trabajo. Incluso cuando tienes conversaciones no-laborales, falta ese “je ne sais quoi”, ese buen rollito…

    Bueno, y en el caso concreto del grupo de la Complutense, pues tuve la enorme fortuna de estar con un grupo de gente con muy buen rollo. Trabajabamos, y nos lo pasabamos bien trabajando. A pesar de bajar cada dos por tres a tomar un café y de comer pausadamente, yo me noté hiperproductivo, posiblemente más que cuando estoy en EEUU. Al final es cuestión de encontrar un balance entre el trabajo y lo personal, y no puedo negar que ese balance es mucho más fácil de alcanzar en España que en EEUU.

  • Almuerzos hechos y derechos: Prácticamente todos los días en Madrid comía un menú del día (primer plato, segundo plato, postre y café) en la cafetería de la Facultad de Informática sobre las 13:30 o 14:00 (¡como debe ser!). Y durante la comida, nada de hablar de trabajo. Por supuesto, cuando le contaba esto a amigos americanos, se horrorizaban, principalmente porque les parecía una pérdida de tiempo (recordemos que en EEUU generalmente uno sólo come un sandwich rapidito a las 12:00 durante media hora; y cuando voy a comer con compañeros de doctorado, se tiran casi toda la comida hablando de trabajo). Un amigo en Madrid lo expresó muy adecuadamente: “en España comemos, en EEUU se nutren”. Para mi la comida es un momento en el que, aparte de comer, puedo desconectar un rato, echar unas risas con los compañeros de trabajo, recargar las baterías. Para los americanos (estoy generalizando, pero bueno) es más bien una actitud de “¡Se me está agotando el combustible! ¡Necesito más calorías para seguir trabajando! ¡TRABAJAR! ¡TRABAJAR! ¡TRABAJAR!”. Pues yo la verdad es que noto que el almuerzo “al estilo español” me energiza mucho mejor para el resto del día, aunque requiera más tiempo. Lo de comer un sandwich a las 12:00 me ralla, y punto.

    Bueno, y no olvidemos que comía comida española que en EEUU tomo de pascuas a ramos. Incluso he acabado engordando un poco este verano…

  • Vacaciones de verdad: Más concretamente, dos semanas de vacaciones en Agosto, algo que me habría resultado absolutamente inconcebible en Chicago.
  • Aste Nagusia: En esas dos semanas de Agosto, tuve ocasión de estar en Bilbao durante la Semana Grande (que tuve que perderme los últimos tres veranos). Acabé saliendo casi todas las noches, y me lo pasé como un enano.
  • Múltiples visitas a Bilbao: Viviendo en Madrid, pasar un fin de semana en Bilbao era tan sencillo como montarse en un autobus (y, después de vivir en EEUU con sus apotorrantes distancias, las 4.5 horas del autobus parecen poco).

Pues eso, un verano de puta madre. Me atrevería a decir, incluso, que de putísima madre 😉

En “Café & Té” podéis tomar mis paellas

Hoy estaba de paseo por Madrid cuando me paré a tomar un café en “Café & Té”, una cadena a la que tengo un cierto aprecio por los innumerables cafés que me tomé en mi juventud en el Café & Té de Moyua en Bilbao (aunque tengo que admitir que en los últimos años ha pasado de ser una “entrañable cafetería” a algo mucho más comercial + masificado).

En fin, a lo que iba. Mientras me tomaba mi café, no podía quitarle el ojo al letrero que había en la entrada, donde se anunciaba que ofrecían ¡Bocatas! ¡Platos combinados! ¡Pizzas! ¡Paellas! Y la foto de la paella me resulto familiar. Muy familiar. Así que le hice una foto:

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Cuando volví a casa, confirmé mis sospechas. A continuación teneis una foto de una paella que hice en Chicago en el 2005, y que subí a mi galería el 27 de marzo de 2005:

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Vamos, me parece que no cabe ninguna duda de que es la misma foto. Los pimientos rojos están distribuidos exactamente igual, el mismo ajo quemado en la mitad inferior, las asas idénticamente colocadas, etc.

¿Y qué pienso yo de todo esto? Pues la verdad es que me trae sin cuidado que hayan utilizado la foto. Podría argumentar que es una violación de la licencia de la foto, una Creative Commons con atribución y sin obras derivadas, lo que significa que tendrían que haberme atribuido la autoría de la foto y haberme pedido permiso para hacer una obra derivada. Sin embargo, el aviso de licencia de mi web no ha sobrevivido las múltiples actualizaciones del WordPress (el aviso solía estar en la columna derecha), con lo cual me imagino que ellos podrían argumentar que como no había licencia, pues no pasa nada, y blah blah blah. Tengo entendido que esto no es así: si no encuentras la licencia de una obra, no significa que esté en el dominio público. Simplemente hay que preguntarle al autor a ver como quiere licenciar esa obra antes de utilizarla (pero agradecería que alguien me lo confirmase). Lo que está claro es que lo correcto, y educado, habría sido haberme pedido permiso; las fotos de mi galería ya las han utilizado en panfletos, trípticos, etc. pidiendo permiso (que yo nunca he tenido problema en conceder; incluso me hace ilusión).

Para los curiosos, este es el Café & Té en la Carrera de los Jerónimos en Madrid (yendo de Sol al Congreso de los Diputados). Si tengo ocasión de hacerlo, me pasaré de nuevo para hacer una foto donde se vea claramente que la imagen de la paella aparece en el Café & Té.

ACTUALIZACIÓN: Mientras me recorría Madrid durante la Noche en Blanco, volví a pasar por el susodicho Café & Té y aproveché para hacer una foto donde se ve más claramente en resto del cartel, y el hecho de que es un Café & Té:

A lo largo de la noche pasamos en frente de varios otros Café & Té, y ninguno tenía ese mismo cartel. Puesto que Café & Té es una franquicia, es posible que el cartel con mi foto lo hayan hecho específicamente en ese Café & Té concreto (en lugar de uno que hace la compañía y reparte a todos).

Crónica culinaria en 3ª persona

A mediados de Agosto vinieron a visitarme a Madrid Andy, un compañero de doctorado de Chicago, y su mujer Cheryl (aprovechando que están pasando el verano trabajando en Holanda, y tenían España a tiro de piedra). A Andy le encanta la comida española, así que la visita acabo sienda tanto culinaria como cultural. De hecho, Andy acaba de escribir en su blog un post sobre la visita que me ha hecho gracia, principalmente porque no estoy acostumbrado a leerme en tercera persona:

Almost immediately upon arriving, Borja was hungry. After all it was 3 pm, a whole half hour after his typical lunch time.

First there was the discussion about where to get a paella worth getting between Borja, his grandmother and his mother – the Americans must have excellent paella or none at all.

We went to a traditional (tired of that word yet? well as Borja would say, “it means older than your country”) Basque ciderhouse.

Vacaciones de verdad

Casi un mes sin escribir en el blog… la razón principal es que llevo de vacaciones desde hace una semana, y las semanas anteriores al comienzo de mis vacaciones estuve trabajando en un artículo y en varias cosas relacionadas con Haizea. Y ahora simplemente escribo para decir que estoy de vacaciones. Dos semanas, más concretamente. Son las vacaciones más largas que me he tomado desde que empecé el doctorado, y se deben a que, al estar trabajando en España, en Agosto el país se paraliza y las vacaciones son casi obligatorias (tampoco podría haber hecho mucho si hubiese seguido trabajando; todos mis compañeros de trabajo en la complutense están también de vacaciones)

Mi plan de vacaciones es estar en Bilbao, haciendo entrenamientos de rasquing y tumbing (no me clasifiqué para Pekin 2008, pero igual tengo suerte y me clasifico para Londres 2012 si me entreno más…) De momento me he dedicado a la vagancia total y absoluta, pero dentro de nada estaré un poco más activo para salir durante el Aste Nagusia (también la primera a la que tengo ocasión de asistir en cuatro años). Por cierto, a estas alturas (especialmente en las visitas a Bilbao en julio) me parece que ya he quedado con todos mis allegados bilbainos, pero si me he dejado a alguien en el tintero que me lo diga y quedamos en fiestas.

Y para los que, al igual que yo, saldréis esta semana por Bilbao: ondo pasa!

Charla: Computación a lo Grande

Como ya viene siendo habitual, este año voy a dar una charla en los Cursillos de Julio de ESIDE. En concreto, voy a dar una charla titulada “Computación a lo Grande” en el que voy a proporcionar una introducción divulgativa a la supercomputación. La charla tendrá lugar este viernes, 18 de julio, a las 12:00 en la Sala de Videoconferencias de ESIDE (Facultad de Ingeniería de la Universidad de Deusto). Aquí tenéis el resumen de la charla:

Todos hemos oído hablar de superordenadores, enormes máquinas capaces de tareas gigantescas, como simular una supernova hasta el más ínfimo detalle. Pero… ¿cómo funcionan estos enormes maquinones? ¿Acaso son como un ordenador de sobremesa, pero con un procesador de 2.7 hipermegasuperherzios? ¿Cómo se realiza una computación cuando tengo a mi disposición decenas de miles, o incluso cientos de miles, de procesadores? ¿Acaso se parte mi programa en “cachitos”? ¿Cómo se hace esto?

Esta charla responderá a estas preguntas, y proporcionará una introducción de alto nivel al funcionamiento de superordenadores y clusters dedicados a la computación científica. La charla no tiene ningún prerequisito y está dirigida a un público informático general.

Como todos los años, la asistencia es libre y no hay que apuntarse o matricularse previamente.

Shock cultural inverso

Mudarse a un nuevo país, e incluso visitarlo brevemente, puede provocar un shock cultural. Ciertas cosas se hacen de una manera distinta, otras cosas que nos parecen naturales resultan ofensivas en la nueva cultura (o viceversa), etc., etc. Este es un fenómeno conocido, pero (como ya adelantaba MaY en su post), lo que a mi me pasa es que cada vez que vuelvo a España sufro de “shock cultural inverso”. Tras pasar un año entero en EEUU, hay ciertas cosas de mi propia cultura “materna” que me resultan extrañas. Y me parece que este año el efecto se ha exacerbado al tener que vivir el día-a-día en España (es decir, que ahora me toca ir a hacer la compra, hacer la colada, etc., cosas que en visitas cortas no tenía que hacer). En fin, a saber, los shocks culturales inversos que he observado:

  • El ritmo de vida español: Aquí he venido a trabajar, y la verdad es que el ritmo de vida español me resulta chocantemente distinto al que me he acostumbrado en EEUU. Ahí te pasas el día entero trabajando, con un minúsculo descanso de media hora sobre las 12 del mediodía para comerte un sandwich, una bebida, y poco más. Aquí en cambio llegas, trabajas, vas a tomarte un café con tus co-trabajadores a media mañana, trabajas un poco más, vas a comer -primer plato, segundo plato, postre, café, y sobremesa- (a las 2 de la tarde, como debe ser, no a las 12!), trabajas más, otro cafelito a media tarde, y sigues trabajando hasta terminar. Cuando a los americanos les cuento que ese es el ritmo de vida que llevamos, la reacción casi siempre es “Joer, que vagos sois en España, no?”. No sé, yo sigo prefiriendo el ritmo de vida español… me noto mucho más productivo, y lo de tomar un almuerzo hecho y derecho, aunque requiera más tiempo, me energiza bastante más para el resto del día.
  • Ser peatón es muy jodido por aquí. En EEUU, cuando se cruzan dos calles pequeñas, siempre (salvo contadas excepciones) hay una señal de STOP para los coches y, además, el peatón tiene prioridad absoluta. Aquí, en las calles pequeñas que hay por todo Madrid, lo que impera es el ceda el paso (a otros coches) y al peatón que le den. Tienes que esperar a que un conductor caritativo decida que puedes cruzar. No me extrañaría que esto se debiese al hecho de que aquí conducimos todos con marchas, para minimizar el número de veces que tiene que parar el coche; conduciendo con marchas por Chicago, la verdad es que lo de tener una señal de STOP cada dos por tres sí resulta un poco cansino (algo que con los coches automáticos que imperan en EEUU no resulta tan incordiante).
  • Casi todo el mundo es blanco y delgado. Después de vivir cuatro años en Chicago, y muchas veces ser el único blanco en un vagón de metro, pues se me hace raro pasear por la calle y entrar en el metro y ver que casi todo el mundo es blanco… y delgado (y en “delgado” incluyo a la gente que está rellenita; lo que choca es no ver a gente con su propio campo gravitacional).
  • Hay que mostrar el DNI al pagar con tarjeta de crédito. En EEUU no te piden ninguna identificación y, para compras pequeñas, ni siquiera te piden la firma. No olvidemos que en algunos estados de EEUU ni siquiera piden identificación para votar (porque les parece una violación imperdonable de sus libertades personales y bla bla bla). Vamos a ver, lo de pedir identificación para utilizar la tarjeta de crédito me parece una excelente idea, pero no se me mete en el bolo que tengo que hacerlo. Todavía se me olvida inconscientemente sacar el DNI, y las cajeras me lo piden con cara de “¿Tu de qué vas, chaval?” (porque ven que no soy extranjero y que no tengo excusa).
  • Secar al aire libre, y planchar. Tengo que confesarme enamorado de las secadoras de aire caliente que hay en EEUU. Salvo para prendas delicadas, basta con meter la ropa recién lavada en la secadora, y al cabo de 45-60 minutos está seca. Además, si doblas la ropa recién salida de la secadora, ni siquiera hay que plancharla (excepto para camisas y alguna que otra prenda más complicada). Aquí no. Aquí toca planchar…

En fin, esos son los shocks culturales inversos de los que me he percatado de momento.

Cenas blogueadas

Esta ha sido una semana de cenas; como siempre que vuelvo a España, caen varias cenas con gente que hace tiempo que no veo. Me ha hecho gracia que dos de las cenas recibieron posts propios en otros blogs. MaY, comentarista habitual de BorjaNet y (ojo al dato) estudiante de ESIDE a quién llevé su proyecto de fin de carrera hace años, posteó en Paradise City y Miranda, antiguo compañero-becario del centro de cálculo de ESIDE, posteó en SmOkiN’ tEa With MamA Kin (la foto que incluyó en el post: priceless). En fin, el alcance de la blogosfera es imparable…

En los madriles… de nuevo

El jueves a la tarde (hora Chicaguense) emprendí el camino de vuelta a casa. Como comenté en el anterior post, mi vuelo de Chicago a Londres llevaba un retraso de casi cuatro horas, lo que suponía que no iba a poder pillar el vuelo que inicialmente reservé de Londres a Madrid. British Airways simplemente me cambió el itinerario para pillar otro vuelo a Madrid un poco mas tarde. El tema es que otra opción que ofrecían era ir en un vuelo a Londres, a la hora original, pero con otra compañía. Paso. A British Airways ya la conozco, y a la otra, no. Sin embargo, parece ser que buena parte de los pasajeros escogieron esta opción, con lo cual el vuelo de British Airways iba medio vacío. Acabé con tres asientos contiguos todos para mi. Por primera vez en mucho tiempo, consegui dormir en un vuelo transatlántico.

Por cierto, a mi ya me caía bien British Airways, pero ahora me caen aun mejor. Han actualizado su sistema de entretenimiento a bordo, de tal manera que incluso en la clase turista mas barriobajera tienes pantalla de televisión propia con video-bajo-demanda. Anteriormente, aunque ya tenías tu propia pantallita, tenia una docena de canales cada uno con una película pero en bucle continuo (con lo cual tenias que empezar a ver las peliculas en un momento concreto). Ahora tienes más de 30 películas a tu disposición que puedes ver cuando te da la gana. Entre el sistema de entretenimiento a bordo y las horas que dormí, al final no tuve que echar mano de los múltiples vídeos que traje en el portátil para entretenerme durante el vuelo.

Llegué a Madrid el viernes por la tarde, y me fui a Bilbao en autobús el sábado por la mañana. Por un lado, tenía que satisfacer mi mono de Bilbao (que un año es mucho tiempo) y, por otro lado, unos cuantos amigos de la UD me invitaron a pasar el domingo con ellos en compañía de otro amigo que venía a visitar Bilbao. Saghul ya ha subido una foto de la comida, y me consta que las fotos de la cena (que fue bastante memorable) estarán disponibles en un futuro cercano. Por cierto, acojonado me he quedado con las inundaciones de Bilbao. Y yo que pensaba que venía del gélido clima chicaguense al solcito español y no… parece que me he traído la lluvia y el mal tiempo.

Y hoy, lunes, me he vuelto a Madrid por la mañana, donde he empezado a currar en la Complutense. A los que me conocen: mi móvil español sigue siendo el de toda la vida. Si alguien está en Madrid y quiere quedar algún día para tomar algo, que no dude en pegarme un toque. Habrá visitas a Bilbao, pero no sé cuando exactamente, aunque las anunciaré con antelación por aquí.

En camino

Estoy en el aeropuerto de O’Hare, esperando a que salga mi vuelo a Londres. Desafortunadamente, el vuelo está retrasado casi cuatro horas, lo que significa que no llegaré a tiempo para pillar el vuelo a Madrid. Afortunadamente, British Airways ha gestionado la situación bastante bien y me han puesto en otro vuelo de Londres en Madrid, de tal manera que solo tendré una breve espera en Londres. Y, además, me han dado un vale para comprar comida aquí en el aeropuerto durante la espera. Eso sí, había planeado pasar el primer fin de semana en Bilbao, pillando un autobus poco después de llegar a Madrid el viernes. Ahora, en cambio, tendré que ir a Bilbao el sábado, en lugar del viernes. Pero, por lo demás, el regreso va viento en popa a toda vela.

Ya no queda ná

Hay que ver como pasa el tiempo. Este jueves me embarcaré en un vuelo a Madrid, y ahí me quedaré durante los siguientes cuatro meses trabajando en la Universidad Complutense de Madrid. Va a ser, en los cuatro años que llevo en Chicago, mi estancia más larga en España, tras únicamente cruzar el charco durante 1-2 semanas cada año. Estoy que doy brincos. Ahora mismo estoy liadisimo con todos los preparativos pre-viaje, que este año son algo más complicados porque voy a subarrendar mi piso durante mi ausencia, con lo cual además de hacer las maletas tengo que decidir qué cosas dejo en el piso y cuales dejo almacenadas, donde dejo el coche, etc.

Para marcar mi inminente ausencia, el pasado domingo organicé una fiestuki en mi piso con todos los amigos Chicaguenses. Hice gala de mis conocimientos culinarios, y serví un variopinto menú compuesto de lentejas, chorizo (frío y también cocinado en vino), tortillas de patatas, pinchos morunos, y magdalenas. Aquí van un par de fotos (cortesía de Eric):

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Y muchas más en la galería.