Migrando, que es gerundio

Tres años y medio. TRES AÑOS Y MEDIO sin actualizar el blog. Y por fin lo actualizo porque lo he migrado a WordPress. Bueno, ya estaba en WordPress, pero en un servidor propio, y ahora está en WordPress… en la nube.

Pues ya que estamos aquí, repasemos como hemos llegado a este punto:

  • BorjaNet nació en 2002, y estaba hospedado en un servidor operado directamente por mí, en casa. Ni centro de datos, ni servidores redundantes, ni pollos en pepitoria. Servidor Debian conectado directamente al ADSL. Con dos cojones. Y no solo eso: el servidor hospedaba mucho más que mi blog. El servidor DNS (de borjanet.com), el e-mail, otras páginas web, etc. todos en la misma máquina. Cómo se nota que soy de Bilbao.
  • En 2004, me mudé a Chicago para hacer el doctorado, pero el servidor de BorjaNet se queda en Bilbao. Y, claro, acaba fallando más que una escopeta de feria, y caen varias llamadas frenéticas del tipo “¡Arráncalo, Carlos, por Dios!” a mis padres cada vez que se cae el servidor. Así que, en 2005, lo migro a un “servidor virtual privado”, osease, una máquina virtual en un centro de datos. Unos $30 al mes o, para que nos entendamos, unas 4,000 pesetas. Ni tan mal.
  • Entre 2004 y 2016, van cayendo poco a poco varios servicios hospedados en el servidor. Es que igual tener mi propio servidor BIND para dos o tres registros A o CNAME igual es un poco demasiado. Así que acabé migrando la gestión del dominio borjanet.com a Namecheap hace unos años. ¿Y las fotos? Pues antes para compartir fotos tenias que instalarte algo como el Gallery, pero ahora… las subes a la nube (y mas croquetamente a Google Photos) y te olvidas.
  • Lo último en caer, el año pasado, fue mi servidor de e-mail. Hasta 2017 estuve manteniendo mi propio Postfix, Courier, SpamAssassin, Amavis, etc. Y por muy h4x0r que sea esto de tener tu propio servidor de e-mail, al final es un poco cansino tener que estar al tanto de todas las actualizaciones de seguridad, y prácticamente imposible tener un filtro de spam tan bueno como el de los proveedores comerciales. Así que al final migré mi e-mail a Fastmail y, desde entonces, muy contento.

Y, al final, acabé con un servidor que solamente hospedaba un blog que apenas actualizo. Como he mencionado en varias ocasiones, la redes sociales se han cargado (al menos para mi) el hábito de sentarse cada 2-3 días a escribir un largo y pulido post sobre los más recientes acontecimientos de mi vida. Ahora voy a Twitter o a Medium, y me despacho ahí (eso sí, en la lengua de Chéspir).

En fin, he migrado el blog a WordPress.com, con el consiguiente cambio de look y desafortunada pérdida de alguna imágenes (que aparecían en los posts porque estaban hospedadas en mi ya difunta galería de imágenes). Es el precio del progreso pero, si queréis ver BorjaNet Classic, siempre podéis echarle un vistazo en el Wayback Machine.

Pero las cosas bien claras: BorjaNet no ha muerto. Aunque las actualizaciones ocurran cada 2-3 años, BorjaNet resiste, todavía y como siempre, al invasor.

POR CIERTO, ¿a quién le ha aparecido una notificación en su lector RSS sobre este nuevo post? ¿Queda todavía alguien de la vieja guardia, pendiente de nuevos posts, cuan Caballero del Grial al final de Indiana Jones y la Última Cruzada? Dejad un comentario. No seáis rácanos.

Escribiendo, que es gerundio

Como ya he comentado en varias ocasiones en BorjaNet, este blog fue durante muchos años mi válvula de escape cuando sentía la necesidad de escribir algo. Os recuerdo, niños y niñas, que hubo un tiempo cuando no teníamos ni Facebook, ni Twitter, ni Google+, ni ná, y nuestra “red social” eran los blogs. Me permito re-postear esta tira cómica de los inimitables Bilo y Nano, publicada allá por el año 2001 (de hace 13 años, señora).

Para los que sois demasiado jóvenes para recordar esa época de la Internet, creedme: tener un blog era la leche en patineta. Por lo tanto, cuando me entraban ansias de contar algún cuento o batallita, iba directo al blog. Ahora, en cambio, voy a Facebook o Twitter. Y es un rollo distinto porque, a diferencia del blog, se tiende más hacia posts breves y muy frecuentes en lugar de posts largos y explayados pero menos frecuentes. Ojo, que no tengo nada en contra de Facebook o Twitter. Me parecen medios fantásticos para compartir ideas, entablar conversaciones, etc. (aunque, a diferencia de los blogs, donde hay una mayor expectativa de escribir textos más largos y pulidos, en Facebook y Twitter es más fácil encontrarse con morralla que no le interesa a nadie. p.ej., “Jajajajaja, estoy plantando un pino!!! #lol #zurullo”).

Eso sí, la verdad es que, de vez en cuando, hecho de menos el escribir artículos más largos, del tipo que te requieren escribir varios borradores en lugar de simplemente escribir las primeras frases que se te ocurren y darle al Enter. Por eso todavía vuelvo al blog de vez en cuando. Sin embargo, a lo largo de los últimos años he tenido unas ansias de escribir que realmente no caben en este blog. De entrada porque son ansias de escribir en Inglés, y yo he jurado y perjurado que BorjaNet siempre será un blog en Español. Y, segundo, porque son ansias de escribir relatos cortos, ficción, etc., y este es un blog más orientado a contar mis batallitas personales.

En fin, que me he creado un perfil en Medium, que al parecer es el lugar más hip y cool para estas cosas:

Aparte de re-publicar un par de cosas que originalmente publiqué en Facebook, he publicado dos relatos cortos:The Wrong Original y Caroline’s New Office.

Venga pues, que ustedes lo disfruten.

Wanderlust

Mi abuela, la última que me quedaba, ha fallecido hoy. No escribo estas palabras en búsqueda de simpatía o condolencias; mi abuela vivió una vida muy completa, disfrutó con los suyos hasta el último momento, y hace ya unas semanas que sabíamos que su fallecimiento era inminente. Siento algo, pero no es tristeza. Simplemente, su momento había llegado.

Escribo estas palabras a modo de tributo, porque gran parte de lo que soy hoy en día se lo debo, en cierta manera, a ella.

Mi abuela fue farmacéutica, y se licenció en Farmacia en una época en la que pocas mujeres obtenían estudios universitarios, y mucho menos en campos científicos como Farmacia. Además, tener una farmacia en la época de mi abuela era un negocio muy lucrativo, porque (por ley) no podía haber otras farmacias a cierta distancia de la tuya, dándote un monopolio sobre un barrio entero. Es decir, mi abuela estaba fo-rra-da.

¿Y que hacía mi abuela con todos esos fabulosos ingresos? Se los gastaba casi todos en sus nietos. Sin embargo, no se lo gastaba en regalos o “pagas” a los nietos. Se lo gastaba en viajes: mi abuela sostenía que era muy importante que, desde una edad temprana, sus nietos tenían que ver el mundo y conocer otras culturas. Gracias a mi abuela, tuve la oportunidad de recorrer Europa y de visitar Egipto, Israel y Turquía. Como también le impartió ese valor a sus hijos, mi abuela también fue indirectamente responsable de varios viajes que hice con mis padres, sobre todo múltiples viajes a EEUU.

¿Y qué efecto han tenido esos viajes en mi? Hace casi diez años decidí iniciar una nueva etapa de mi vida, mudándome a Chicago, una nueva ciudad donde no conocía a nadie, para realizar mis estudios de doctorado. Podría haberme quedado tranquilamente en Bilbao; ya tenia un buen empleo, y podía estar con todos mis amigos y mi familia. Mudarme a Chicago sería un cambio enorme.

Sin embargo, mi abuela me impartió la importancia de no conformarte con la comodidad de lo conocido y lo permanente. Esos viajes en mi infancia y adolescencia me abrieron los ojos al mundo y las culturas que hay fuera de nuestras fronteras y despertaron un interés -casi una necesidad- por zambullirme en lo desconocido. Levantar raíces para venir a Chicago no fue una decisión difícil. Era otra aventura más. Y, hoy en día, sigo realizando viajes épicos donde lo principal no es “hacerse la foto” sino conocer la historia y la cultura de los sitios que visito, y estos viajes enriquecen mi vida sobremanera.

Pero, más importante aun, mi abuela me impartió que el propósito más noble para las riquezas que acumulamos es mejorar la vida de los que nos rodean, sin esperar recibir nada a cambio. Salvo, quizás, la gratitud de su nieto.

Sed buenos los unos a los otros.

Los siguientes N años

¡Uuuuuy, pero cuanto tiempo sin escribir en el blog! Desde noviembre del año pasado. Canela fina, señora. Lo de siempre: al final estoy mucho más activo en Google+ y, habiendo contado mis historias ahí, al final me da pereza contarlas de nuevo en el blog. Así que, como he dicho en otras ocasiones, para actualizaciones más frecuentes, seguidme en Google+.

Sin embargo, para los que todavía tenéis este blog en vuestros lectores de RSS y no habeis visto todas las noticias que he ido publicando recientemente en Google+/Facebook/Twitter/etc., me parece que merece la pena volver un rato a BorjaNet para contaros lo que voy a hacer los siguientes N años.

Hace casi tres años escribi un post titulado ¿Pero tú te vuelves a España o no? donde, tras explicar todas las opciones que se me presentaban tras terminar el doctorado, concluí:

Mi plan, por lo tanto, es quedarme dos o tres años en EEUU después de terminar el doctorado. […] Pasados esos dos o tres años, habiendo visto cómo está el patio y evaluando todas las opciones que se me presenten, decidiré si me quedo en EEUU a largo plazo, o si me vuelvo a España. Así que resumiendo… ¿Volveré a España? No lo sé. Preguntádmelo en dos o tres años 🙂

Ya han pasado casi tres años, así que va siendo hora de responder a esa pregunta.

Y la respuesta es que me quedo en EEUU.

Hay varios factores en esta decisión, pero la principal es que me surgió una oportunidad aquí en la Universidad de Chicago que sencillamente no podía dejar pasar. Hace unos meses, me ofrecieron ser Director Asociado en el Departamento de Ciencias de la Computación de la universidad. Ojo, que aquí un departamento no corresponde a lo que llamamos “departamento” en España en un contexto universitario. Se parece más a una “facultad”. Por ejemplo, la Universidad de Chicago no tiene una “Facultad de Matemáticas” dividida en múltiples departamentos; tiene un único “Departamento de Matemáticas”. En fin, que ser Director Asociado en un departamento es casi como ser Vicedecano de una facultad.

En este nuevo puesto voy a ser responsable de nuestro programa de master, donde me encargaré principalmente de desarrollo curricular, desarrollo de asignaturas, supervisión de los profesores, etc. También seguiré dando clases en el departamento, y seguiré a cargo de entrenar a nuestros equipos de programación (que han llegado a la final de ICPC, el “Mundial” de la programación, cuatro años seguidos). Aunque es un puesto más “académico-directivo” que científico, esa es precisamente una de las cosas que descubrí en los dos/tres años que me concedí después del doctorado: que me tira más la docencia, la organización y la coordinación que la investigación.

Ojo, no es que no me guste la investigación; me gusta, pero no lo suficiente como para dedicar mi vida entera a ello. Cuando empecé el doctorado, tenía sueños y aspiraciones de ser “Professor Sotomayor”, más en el sentido de ser un investigador de renombre internacional que en el de ser un “profesor” que da clases. A lo largo del doctorado y de los dos años después de doctorarme me di cuenta de que, aunque disfruto con la investigación y trabajando con investigadores, no quiero que toda mi vida profesional gire en torno a la investigación (o, peor aun, que dependa de la investigación, siempre estresado por si consigo publicar un artículo o si me aceptan un proyecto, etc.).

Otro factor es que, en los últimos ocho años, me he enamorado no sólo de la ciudad de Chicago sino también de la Universidad de Chicago. Tiene una comunidad única que no he encontrado en ningún otro sitio. Aunque seguramente podría encontrar puestos similares (o mejores) en otras universidades, ninguna tendría la inigualable cultura geek de la Universidad de Chicago. Es una cultura presente en todos los niveles de la universidad, desde los estudiantes que organizan el “scavenger hunt” más grande del mundo hasta la Oficina de Admisiones que, entre sus preguntas de admisión que deben responder todos los alumnos que quieren estudiar aquí, incluye preguntas como “En serio, ¿dónde está Wally?” o “¿Qué te parecen los Miércoles?”.

Así que, cuando me surgió la oportunidad de quedarme en la Universidad de Chicago a largo plazo, en un puesto esencialmente permanente, que involucra realizar un trabajo que me interesa y me apasiona, y que tiene potencial de crecimiento, pues la decisión estuvo bien clara.

Pues eso, que me quedo. De hecho, ayer firmé un contrato de compra/venta para un piso la mar de cuco al lado del campus. Y os garantizo que no van a pasar ocho meses hasta el siguiente post. Este verano me voy a hacer otro road trip épico, similar al que hice hace dos años. Y, como siempre, mantendré un diario de viaje aquí mismo, en exclusiva, en el blog.

Happy Birthday to me!

Otro año más, otra vuelta al sol. Ya sé que tengo el blog un poco descuidado, pero las buenas costumbre, como el post anual del cumpleaños, no se me olvidan 🙂 Eso sí, este año he decidido hacer algo especial para mi cumpleaños. El año pasado organicé, como casi todos los años, una cena de cumpleaños, pero pedí a mis invitados que por favor no trajesen regalos pero que, si sentían la necesidad de “regalarme” algo, que cogiesen el dinero que iban a gastarse en el regalo, y que lo donasen al Trevor Project, una organización que proporciona asistencia a jóvenes gays y lesbianas en EEUU. El Trevor Project también es uno de los beneficiarios del proyecto It Gets Better (al que contribuí un vídeo el año pasado).

Pues bien, este año se me ocurrió hacer lo siguiente: en lugar de solicitar donaciones sólo a los invitados a mi cena de cumpleaños, voy a solicitar donaciones a todo el mundo. De hecho, algunos de vosotros igual ya me habeis visto dar la brasa en Facebook, Google Plus, Twitter, etc. 🙂 Y el incentivo es el siguiente: yo donaré la misma cantidad de dinero que vosotros, hasta un máximo de $500. Es decir, si entre todos donáis $500, el Trevor Project recibirá $1.000.

Así que si queréis desearme un cumpleaños verdaderamente feliz, por favor realizad una donación, por pequeña que sea, aquí:

Por qué ya no me bajo (casi) nada de Internet

Desde las gélidas tierras Chicaguenses, he seguido un poco el culebrón de la “ley Sinde”, y digo “un poco” porque cuesta estar al tanto de lo revolucionado que está el patio cuando estás en otro patio. No estoy tan informado como quisiera para opinar sobre la “ley Sinde”, pero sí estoy hastiado de que el debate se centre en cómo penalizar a los piratas malos malosos en lugar de centrarse en nuevos modelos de negocios que permitan que todo el mundo salga ganando. Y precisamente es lo que quiero comentar en este post: el modelo de negocio con el que me he encontrado aquí en EEUU y cómo facilita que ya no tenga que bajarme (casi) nada de Internet a través de canales de dudosa legalidad.

Partamos de unos cuantos supuestos: yo quiero escuchar música, ver películas, y ver series de televisión, quiero obtenerlas cómodamente, y estoy dispuesto a pagar por ello. Hago énfasis en “cómodamente” porque me parece que mucha gente acaba tirando de las descargas no porque salgan gratis (que tampoco es del todo cierto; hay que pagar al proveedor de Internet, y a servicios como Rapidshare, proveedores de Usenet, etc.) sino porque es mucho más cómodo que los canales “tradicionales” de distribución de contenido (y voy a explayarme un poco sobre el aspecto de la “comodidad” en este post). También parto del supuesto de que el artista tiene derecho a ganarse los garbanzos con su creación, y que es preferible un mecanismo de distribución que permita que el dinero fluya más directamente al creador (con el mínimo de intermediarios). El que tiene que lucrarse con una creación artística es el artista, no la SGAE, el top manta, el Rapidshare, Usenet, etc.

Pues bien, mi tesis es que en EEUU el modelo de negocio ha evolucionado para satisfacer a gente como yo, que quiere contenidos, los quiere cómodamente, y está dispuesto a pagar por ellos, y valora el derecho del artista a lucrarse. En España, por lo que oigo y me cuentan mis amigos, estamos estancados en paradigmas anticuados diseñados para perpetuar artificialmente a compañías y modelos de distribución que no pintan nada en el siglo XXI.

Vayamos por partes…

La música

Situación ideal (“cómoda”): Quiero MP3s de prácticamente cualquier artista, sin limitaciones DRM: lo quiero poner en mi ordenador, en el iPod, en el ordenador del despacho, etc. Y, sí, de vez en cuando igual se lo quiero pasar a un amigo porque le puede gustar esa canción.

Antes de venir a EEUU: Básicamente tenía dos opciones. La primera era comprar un CD con la música y ripearlo para extraer los MP3. La segunda era bajarme canciones de Internet (BitTorrent, Kazaa, eMule, etc.).

La verdad es que para casi toda mi música tiraba de la primera opción, pero no dejaba de ser un coñazo (vamos, no cumple la condición de ser cómodo). Hay que ir a la tienda a buscar el CD (o pedirlo por Internet y esperar a que llegue) ripearlo, y luego el CD se queda muerto de risa en una estantería. En otros casos, cuando lo único que quería era una canción suelta (en vez de un álbum entero), pues al final acababa tirando de Internet, porque era mucho más cómodo. Pero, evidentemente, no cumple la condición de que el dinero llegue al artista.

En EEUU: Dos palabras: Amazon MP3. MP3 a cascoporro por menos de $1 por canción, y casi todos los álbumes rondando los $7-$10. Descarga directa a tu ordenador sin DRM. Haz con el MP3 lo que quieras. Desde que he venido a EEUU, no me he bajado ni una sola canción de Internet (vale, vale, comprar a Amazon MP3 es bajarse algo de Internet; para evitar confusiones, si utilizo la expresión “bajarme de Internet”, me refiero a cuando se hace a través de canales de distribución que no benefician al artista). Tampoco me he comprado ni un solo CD. Toda mi música la he comprado en Amazon MP3, y siempre que he querido un album, Amazon MP3 lo tenía disponible.

Amazon MP3 me parece un servicio impresionante, especialmente por su incomparable sencillez: yo les doy $1, ellos me dan una canción. Y ya está. Ni suscripciones, ni streamings, ni DRM, ni ná. Y, además, es un sistema que claramente beneficia al artista e incluso permite a músicos independientes publicar su música sin el coste de emitir CDs y depender de discográficas o SGAEs. Sin ir mas lejos, The Modeens, con los que pasé unos días en Arizona durante mi road trip, publican su música independientemente por Amazon MP3, y me dijeron que les funciona de maravilla.

Veredicto: Amazon MP3 satisface todos mis requisitos. No hay nada que mejorar o cambiar. Me atrevería a decir que si en España hubiese un servicio similar, el “pirateo” de canciones disminuiría drásticamente.

Péliculas

Situación ideal (“cómoda”): Las películas, cuando están en el cine, se ven en el cine. Y punto. Lo siento, pero incluso si me dan la opción de comprar una película legalmente y digitalmente cuando todavía se está proyectando en salas, prefiero verla en una sala que en un monitor o una televisión. Ahora bien, cuando ya haya pasado por las salas, lo que quiero es poder ver la película en alta definición en la televisión de mi casa (no en el ordenador) cuando me dé la gana.

Antes de venir a EEUU: Pues no había otra alternativa que alquilar el DVD en el videoclub. Pero no es una opción cómoda: hay que ir al videoclub, si es una película popular igual están todas las copias alquiladas, hay que devolver la película al cabo de unos días o te cobran dinero, etc.

En cuanto a bajar películas de Internet, yo personalmente nunca lo he hecho. Soy muy tiquismiquis para el cine, y soy de los que piensan que el cine hay que verlo bien, o en una sala o espatarrado en un sofá delante de la tele. Por aquel entonces, si te bajabas una película de Internet, la calidad solía ser bastante mala y era difícil ver la película en la tele en lugar de el ordenador.

En EEUU: Netflix, una especie de “videoclub por correo”. Pagas una mensualidad, y puedes alquilar todas las película que quieras, en DVD o Blu-ray, con la limitación de que sólo puedes tener N DVDs simultáneamente en casa (en mi caso, N=2 y pago $18 al mes). Seleccionas las películas a través de su web, y te las mandan por correo, con un sobre prepagado para devolverlas. Cuando devuelves una película, te mandan automáticamente la siguiente en tu lista de películas. Ah, y no te cobran si tardas en devolver la película (he llegado a tener una película en mi casa tres meses porque nunca me apetecía verla). Pero, vamos, si devuelves las películas al cabo de 3-4 días, amortizas sobradamente la mensualidad (comparado con lo que te soplarían en un videoclub).

Puede parecer que esto no tiene muchas ventajas sobre los videoclubs tradicionales, así que por si no ha quedado claro: no tienes que ir a un videoclub, la película que quieres casi siempre la tienen (nunca he tenido que esperar más de 24 horas por una película, incluso nuevos estrenos), no tienes que preocuparte por volver al videoclub para devolver la película (la metes en el buzón, y nunca te “multan” si tardas en devolverla), y tienes películas ilimitadas.

Eso sí, este sistema tiene una pega: ¿Qué pasa si un sábado a las siete de la tarde me entra el antojo de ver una película concreta? ¿Espero al lunes a que me llegue la película de Netflix? No, porque Netflix también ofrece un servicio de streaming que va incluido en la mensualidad. El catalogo de streaming no es tan extenso como su catalogo de DVDs y Blu-rays, pero no es moco de pavo. En esas situaciones en las que estaba aburrido y quería verme alguna película, cualquier película, para pasar el rato, siempre he encontrado algo en Netflix Streaming. Las películas streaming se pueden ver en el ordenador, pero también hay dispositivos para ver las películas desde la tele. En mi caso, mi Playstation 3 tiene instalada una aplicación para acceder a Netflix Streaming, y puedo atestar que la calidad de la imagen es muy buena (incluso hacen streaming en alta definición para ciertas películas).

Netflix es un modelo de negocio revolucionario. De hecho, la bancarrota de Blockbuster y Movie Gallery, antaño megafranquicias de videoclubs, se atribuye en gran medida al demoledor exito de Netflix. No me entra en la cabeza que a nadie en España se le haya ocurrido montar algo similar. En serio, la persona que monte ESPflix se va a forrar de la noche a la mañana. [Ver comentarios y este enlace]

Veredicto: Netflix satisface mis necesidades peliculeras, pero no tanto como Amazon MP3 con la música. A pesar de que Netflix Streaming me encanta, tienes que estar conectado a Internet. Ojo, que yo tengo una conexión bastante barriobajera (para lo que son las conexiones en EEUU) y aun así la calidad de la imagen es muy buena. El problema (para mi) no es el ancho de banda, sino el hecho de que hay ciertos lugares donde no voy a poder ver las películas (p.ej., en un avión, en un hotel sin Internet, etc.).

Series de Televisión

Situación ideal (“cómoda”): Pues similar a las películas, excepto que las series las tolero mejor en la pantalla del ordenador. De hecho, cuando viajo, lo que más veo para pasar el rato son series de televisión en el portatil.

Antes de venir a EEUU: Por aquel entonces no había descubierto las series americanas, pero la unica alternativa, seguramente, habría sido bajárselas de Internet.

En EEUU: Evidentemente, puedo ver las series en la tele (una de las ventajas de estar en EEUU). Pero no es cómodo: ¿por qué tengo que ver House exactamente los lunes a las siete? ¿Y si quiero verlo a otras horas? Bueno, para eso tenemos dispositivos DVR (de grabación digital) que te permiten grabar tus series favoritas a verlas en otro momento. Eso sí, el video se queda en el DVR; en la mayoría de los dispositivos, no hay manera de extraer el video del dispositivo por si quieres verlo en otro dispositivo (como el portatil). Por esta razón, tengo que admitir que todavía dependo bastante de “otros medios” para obtener las series, aunque tampoco me parece que estoy siendo demasiado “malvado” porque, si me empeñase, seguramente podría montarme un media center para grabarme las series (que ya puedo ver en abierto, y pago a la compañia del cable mi mensualidad para poder ver esos canales) y convertirlas a DivX yo mismo. De nuevo, al final es una cuestión de comodidad.

Pero, ¿Y si quiero verme episodios antiguos? De nuevo, Netflix al rescate: tienen un catalogo enorme de series de televisión, tanto en DVD como Streaming. Sin embargo, no tienen los episodios recientes (vamos, el episodio de House de esta semana).

Para eso hay que ir a Hulu, algo así como un YouTube pero para series de televisión (y que desafortunadamente no permite ver sus videos desde fuera de EEUU). Hulu te permite ver los episodios recientes de bastantes series, incluso en alta definición, y con sólo 3-4 pausas publicitarias (con un único anuncio; vamos, en mi opinión, totalmente aceptable dado que es un servicio gratuito).

Tiene la pega de que solo pueden verse los vídeos desde un ordenador (si intentas reproducirlo en la PS3 u otros dispositivos, te dice que naranjas de la China). Al parecer, es una condición impuesta por las cadenas de televisión (que quieren que, si te ves sus series en una televisión, pues que sea con su avalancha de anuncios). Sin embargo, para eso ha salido Hulu Plus, una versión de pago con más series, que sí permite ver los vídeos desde la televisión (de hecho, tienen un cliente para PS3), y con temporadas enteras en lugar de los cinco últimos episodios. Eso sí, la selección de series todavía es un poco floja.

Veredicto: En EEUU, las cadenas de televisión siguen ancladas en su modelo tradicional de negocio, sacando buena parte de sus beneficios de los anuncios. Por lo tanto, la distribución digital de series todavía está un poco verde, pero por lo menos se van produciendo avances poco a poco (como Hulu, Hulu Plus, etc.), y me imagino que esto sigue estando bastante mejor que en España.

Conclusión

Desde que estoy en EEUU, ya casi no me bajo nada de Internet (excepto, como he mencionado, algunas series, aunque podría grabarlas yo mismo si me empeñase, con lo cual no me parece que bajármelas resulte en un perjuicio al artista). Y la razón no es porque el gobierno de EEUU me haya metido miedo con imágenes de piratas malos malosos o con leyes Sinde, sino porque existen modelos de negocio que me dan (casi) todo lo que quiero.

No soy muy libremercadista, pero este es un caso donde el libre mercado ha funcionado: hay gente que está dispuesta a pagar por sus contenidos (música, películas, etc.) si se proporcionan de una manera cómoda. Surgen compañías como Netflix, triunfan, y las compañías que dependían del modelo antiguo desaparecen (sin que el gobierno intente perpetuar artificialmente su existencia).

Así que, en resumen, me parece que el gobierno debería obsesionarse menos en penalizar a los piratas malos malosos, y centrarse más en incentivar nuevos modelos de negocio (o dejar de incentivar los modelos antiguos), de tal manera que esos piratas malos malosos se queden sin público y no tengan razón de ser. A mi me parece que mucha gente, al igual que yo, está dispuesta a pagar por su música, películas, etc. (y seguramente ya se está dejando un pastizal en banda ancha, Rapidshare, Usenet, etc.), pero no hay ninguna compañía en el mercado que ofrezca esos contenidos legalmente en colaboración con los artistas. Hacen falta menos leyes Sinde, y más emprendedores que se encarguen de crear un Amazon.es MP3, un Hulu.es, un ESPflix, etc.,

De nuevo, siguiendo todo el revuelo de la ley Sinde desde Chicago no estoy tan informado como me gustaría, e igual lo que digo es una sandez. Pero lo que sí puedo decir es que, al menos aquí en EEUU, esos nuevos modelos son viables y están funcionando.